Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 29 de octubre de 2013

Orar es decir Padre


Como estoy dando un cursillo sobre la oración cristiana en Panamá, comparto con ustedes algunas reflexiones y una poesía sobre la primera palabra del Padre Nuestro que estamos estudiando.

Padre: en esta palabra se encierra la conciencia que Jesús tiene de Dios (de su manera de ser y actuar) y de sí mismo. Él se sabe «Hijo» de Dios y mantiene con su Padre una relación de confianza y obediencia absolutas.

San Lucas dice que, a los doce años, Jesús se perdió en Jerusalén. Cuando María y José lo encontraron en el Templo, les dijo: «¿Por qué me buscabais?, ¿No sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?» (Lc 2,49). 

A los doce años todo varón judío leía por primera vez la Torá en público y era declarado mayor de edad y responsable (en nuestros días lo hacen al cumplir los trece). A partir de entonces se le llamaba Bar miswa («hijo del precepto»), tenía que pagar impuestos y podía contraer matrimonio. 

La Ley pedía que Jesús peregrinase al Templo y Él lo hace, conducido por sus padres. La Ley era allí explicada por los doctores, a los que Él escucha. Pero en esta primera manifestación de Jesús como adulto, Jesús toma la iniciativa. 

Sus padres le han llevado al Templo, pero Él no se somete a ellos. Los doctores explican la Ley, pero Él les hace preguntas y los deja sorprendidos por su sabiduría. Él obedece a su Padre del cielo, del que recibe una sabiduría nueva. Jesús había crecido como hijo de José, al que amaba y respetaba como padre en la tierra, pero manifiesta que –en último término‒ depende únicamente del Padre celestial.

Este episodio es solo un anticipo de la futura manifestación pública de Jesús. Los cuatro evangelistas son concordes al afirmar que su vida pública comienza al ser bautizado en el Jordán. Cuando Juan bautiza a Jesús, una voz del cielo le dice: «Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). Con esta certeza sobre su identidad comenzó su misión. 

Ahora nos invita a hacer su misma experiencia, a escuchar estas mismas palabras dirigidas a nosotros, a sentirnos hijos a los que el Padre dice, como al hijo de la parábola: «Hijo mío, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo» (Lc 15,31).

San Juan lo entendió perfectamente, lo que le llevó a exclamar lleno de gozo: «Considerad qué amor tan grande nos ha demostrado el Padre, pues somos llamados hijos de Dios ¡y lo somos de verdad!» (1Jn 3,1). 

Solo a partir de esta certeza experimentada vitalmente podemos ser verdaderos cristianos y podemos orar como Jesús nos enseña. Quien no se siente hijo, podrá llamar a Dios «Señor» o darle otros títulos, pero no podrá llamarle «Padre» ni podrá tener con Él la relación que tiene Jesús.

Si podemos llamar «Padre» a Dios, es porque Él ha venido a nuestro encuentro en Cristo, porque ha querido entrar en nuestra historia y hacerse cercano a nosotros. Este título nos invita a no tener miedo de Dios, a acogerle en nuestras vidas. 

La escritora Gloria Fuertes (1917-1998) tiene un poema en el que canta la cercanía de Dios, que se hace presente en la vida cotidiana, que se deja ver por los que tienen un corazón sencillo.

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
que te siento en la púa del pino,
en el torso azul del obrero,
en la niña que borda curvada
la espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
en el surco,
en el huerto,
en la mina,
en el puerto,
en el cine,
en el vino,
en la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
donde tienes tu gloria y tu infierno
y tu limbo; que estás en los cafés
donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
en un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo 
que da migas de pan a los pájaros del paseo.

Padre nuestro que estás en la tierra,
en la cigarra, en el beso,
en la espiga, en el pecho
de todos los que son buenos.

Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
los que luego te hemos de ver,
donde sea, o ahí en el cielo.

Pueden profundizar el tema en este enlace.

5 comentarios:

  1. Señor, yo quiero ser como ese niño pequeño, que su padre lo sube a la mesa o a cualquier alto y le dice ¡¡Salta, ven aqui!! y el niño no se lo piensa y salta, sabiendo que su padre lo cojerà.
    Señor, yo quiero tener esa confianza ciega y saber, que Tu nunca me dejaras caer, Fina

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  2. ¡Cómo me gusta lo que ha escrito Fina!
    Señor,yo también quiero/ esa confianza ciega.

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  3. Padre mio y de todos los que no te conocen y de aquellos que se han separado de ti por que no han llegado a conocerte lo mucho que les quieres te pido por ellos y por mi para que nunca nos separemos de ti Ana Maria

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  4. He estado en las charlas de ayer y de hoy y me ha parecido muy interesante conocer mejor los contenidos del Padre Nuestro. Parece mentira cuánta riqueza hay encerrada en una oración tan sencilla...

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  5. PADRE EDUARDO USTED NO TIENE IDEA COMO LO APRECIAMOS AL DARNOS TAN SABIAS ENSEÑANZAS SOBRE JESUS Y NUESTRO PADRE BUENO, ABBA, PAPAITO.
    TENEMOS EXPERIENCIAS LLENAS DE AMOR PATERNAL DE NUESTRO PADRE CELESTIAL. COMO DICE LA ORACION DEL BEATO CARLOS DE FOUCAULD:
    MI PADRE, YO ME ABANDONO EN TI, HAZ DE MI LO QUE TU QUIERAS.
    LO QUE HAGAS DE MI, TE LO AGRADEZCO
    ESTOY DISPUESTO A TODO
    ACEPTO TODO, NO DESEO OTRA COSA MI DIOS, SINO EL CUMPLIMIENTO DE TU
    VOLUNTAD EN MI Y EN TODAS TUS CRIATURAS
    PONGO MI ALMA ENTRE TUS MANOS
    YO TE LA DOY, MI DIOS, CON TODO EL AMOR DE MI CORAZON
    PORQUE TE AMO Y ES UNA NECESIDAD DE MI AMOR DARME, PONERME ENTRE TUS MANOS SIN MEDIDA, CON INFINITA CONFIANZA,
    PORQUE TU ERES MI PADRE
    BENDICIONES PADRE EDUARDO
    MA

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